domingo, 23 de septiembre de 2012

Si...

Si estuviera aquí, Hector me diría que me lanzara. De cabeza. Hector, tan literario, tan fuera de lo normal. Él siempre opta por lo arriesgado. Su cabeza parece ser un laberinto griego, grande, majestuoso, pero que encierra una bestia. Y a veces te la encuentras. Y a veces la echo de menos. Porque Hector luce un mirar inquietante y a veces muestra una mirada fría, azul. Pero nunca a mi.

Si él pudiese verme ahora, reiría. Muy fuerte. Le da pena la gente que ama. Que quiere. Incluso la que gusta. Él siempre ha creído en las energías. Nunca ha existido para él el amor, el querer. Tan siquiera la pasión, que siempre muestra a sus amantes. Siempre les da lo que quieren. Siempre consigue lo que desea. Porque él, hombre entre niños, seduce. Y los demás, lo intentamos.

Si él leiese esto, seguramente correría. Lejos. Él no piensa en las ataduras, quiere ser libre. No quiere conocer gente ni quiere que alguien crea conocerlo. Como yo. Su corazón es infranqueable, su amistad parece intocable y su amor... eso, tal vez, ni exista. Siempre se mostrará cercano. Siempre te hará su amigo. Porque Hector, pese a todo, quiere ser querido. Siempre que no comporte querer.

Y es que, si estuviera aquí conmigo me diria que me quiere, y me haría confundir. Le gusta este juego. Él me conoce mejor que nadie y disfruta, como si me maltratara, al decirme estas cosas. Su voz raspa sus cuerdas vocales y mi mente. Y a veces me desgarra. Y otras veces me acaricia tan suavemente que sonrío. Pues, Hector habla y yo, quieto, escucho.


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